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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

Sep 16

Paz y cotidianidad

Christian Oquendo Sánchez

Los grados de violencia a los que ha comenzado a llegar la sociedad ecuatoriana han suscitado una serie de iniciativas de tipo ciudadano, las que tratan de preservar algo esencial: la tranquilidad al nivel de la  convivencia.


Cuando uno tiene un problema, algo que obstaculiza la marcha de la cotidianidad personal, se pone a analizar las causas. A menudo lo que se nota de la violencia es su aspecto más gráfico y brutal, de modo que las explicaciones y la racionalización del proceso pasan a segundo plano. Y así  se genera más violencia, puesto que no es factible darle alivio o solución a lo que no se entiende.

La violencia es multi-causal y su explicación tiene que ver con distintos aspectos de la vida social. Cuando se pretende entenderla solo desde un ángulo, ello deviene en simplificaciones riesgosas. Ocurre cuando hay quienes opinan que el contenido violento de los medios es la causa principal o que la violencia ocurre mayormente en el plano de las  percepciones.

El hecho es que la violencia en los medios y las percepciones sí  son parte de la ecuación, tanto como aspectos históricos, culturales, psicosociales y, claro, el estado de la economía.

La violencia es obvia y sutil, pero ocurre que quienes deciden ponerle un alto se enfocan en la punta del iceberg.  Es más sencillo instalar rejas electrificadas, que los militares patrullen las calles y que se amenace con quemar vivos a los delincuentes, que resolver los dilemas de un proceso colonial de siglos sustentado en la violencia racial, la fascinación popular con las dictaduras y el estilo militar de resolver los problemas, y que la economía del Ecuador sea frágil porque aún dependemos del precio del petróleo y no de lo que manufacturamos.

Ya que buena parte del ciclo de la violencia tiene que ver con lo afectivo, es en ese  ámbito donde también hay que actuar. Las iniciativas pacifistas de la gente del común atienden este flanco y son valiosas en la medida en la que tratan de cortar los círculos viciosos de la brutalidad sin agresiones, recuperando el espacio público y restaurando la confianza 
social.

No le vendrá a mal a esas intenciones recibir la colaboración de nuestros actores políticos, quienes podrían bajar el tono de sus diatribas y las guerras que se han inventado entre sí  y con quienes no concuerdan con ellos.

Publicado en diario La Hora, 11.09.2011


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