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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

Sep 30

Arte oculto

Christian Oquendo Sánchez

Tras mirar ‘Camilo Egas: Un hombre secreto’ (2009) me invadió un sentimiento de orgullo, molestia e incertidumbre. La cuidadosa exploración que hace Santiago Carcelén de la obra y vida de este pintor (1889-1962) es un re-descubrimiento de un legado sorprendente, pero tristemente inconexo, entre Quito y Nueva York.

Cuando se habla del arte ecuatoriano del siglo XX, se incurre en lugares comunes, en dicotomías inútiles, como la de discutir si fue Guayasamín o Kingman el primero en enfatizar las manos indígenas. No desmerezco el indudable aporte de ambos, pero tales fijaciones han hecho que se pase por alto la travesía creativa de un artista como Egas.

Mediante el trabajo de Carcelén uno puede asomarse a quien fuera un pintor cosmopolita, que encontró su espacio, amigos e influencias en Europa y Norteamérica. Egas se estableció en el Manhattan previo a la gran depresión y ofrece, en un pequeño anuncio en el ‘New York Times’, sus servicios de profesor de pintura en italiano, francés, español e inglés.

Quienes se lamentan de las dificultades para salir del terruño para ganar mundo, harían mutis si supieran de la soltura con la que Egas cosechó reconocimiento y oportunidades. En la ‘New School for Social Research’, donde enseñó y dirigió la escuela de arte, aún se habla de él con respeto y se restauró su mural ‘Festival ecuatoriano’ de 1932.

Camilo Egas pintando ‘Festival ecuatoriano’ 

Egas tuvo contacto in situ con las principales tendencias artísticas de su época, es así que produjo obra de corte indigenista estilizado en gran formato, en diálogo con el muralismo mexicano, así como pinturas de corte surrealista y, al final de su vida, abstracto. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, conoció a Picasso en París e intercambio criterios con Orozco.

El documental de Carcelén es una aproximación a quien fue un engranaje entre episodios y lugares centrales del siglo pasado. Es un periplo visual que conecta nuestra historia y referentes con los del resto del mundo. Debería ser el punto de partida para revalorizar y divulgar de una vez por todas lo que nos dejó Camilo Egas.

Publicado en diario La Hora, 25.09.2011


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