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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

Mar 13

Charlie Sheen por sí mismo

Christian Oquendo Sánchez

Ha causado gran debate en los medios de Norte América el comportamiento errático de Charlie Sheen, quien llegó a ser el actor mejor pagado de la televisión con 1.8 millones de dólares por su participación en cada episodio de la comedia ‘Two and a Half Men’.


Los excesos de alcohol y drogas, problemas conyugales, las ausencias en el set para actuar, y las agresiones verbales en contra del productor y creador de la comedia, devinieron en la terminación unilateral del contrato de Sheen. Hace veinte años los malos entendidos entre Sheen y Warner Brothers se hubieran ventilado en canales institucionales y formales. Se trataba de una era en la que los linderos mediáticos entre el espacio público y privado estaban demarcados con más nitidez.

Hoy que vivimos una etapa en la que el contenido de los medios toma la forma de un ‘reality show’, los móviles disponen de cámaras y acceso a Internet, y es posible transmitir video en línea desde el hogar, las disputas personales alcanzan otras dimensiones. Sheen no ha perdido el tiempo y ha llevado sus reclamos en contra de sus antiguos empleadores a la red social Twitter en la que acumuló en tiempo récord más de un millón y medio de seguidores. También transmite un programa de video por Internet desde una habitación de su casa, cuyas primeras entregas ya han sido vistas más de 100 millones de veces.

Las intervenciones de Sheen en Internet son dispersas, sin embargo, se vale de diatribas en las que abunda un lenguaje colorido, a menudo escatológico y otras referencias con las que busca ofender a un poder organizado que a su juicio le persigue: “torpedos”; “gran teléfono blanco”, refiriéndose al sanitario; “sangre de tigre”. La estrategia de Sheen dista de parecer articulada o de ir en una dirección clara. No obstante, tiene un carácter testimonial, incluso patético, que ha generado una ola de solidaridad global. Sheen naufraga entre su desorden personal y hay miles que quieren echarle una mano.

Lo paradójico es que da la impresión que Sheen vive una angustiosa soledad trasmitiendo su drama desde su mansión a millones de seguidores en un proceso de autodestrucción transmitido en tiempo real.

Publicado en diario La Hora 13.03.2011


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