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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

Mar 20

Solidaridad con Japón

Christian Oquendo Sánchez

Con el Japón me unen los amigos que allí tengo y los buenos recuerdos de una visita a Tokio y la prefectura de Mie como becario de un evento internacional organizado por el Gobierno nipón. Los lugares suelen permanecer en la memoria porque en ellos nos juntamos con gente cuyo cariño conservamos. Por sobre los objetos y los sitios brilla el aura de alguien más.

Me sentí como un idiota enviándole un mensaje a Tomoko para saber la situación de ella, su pequeña hija y su familia. No encontré modo de acercarme ni un poco a su dolor, azoramiento y terror por lo que podría venir. Estaba en la situación de quien da un pésame a sabiendas de que articula sonidos inútiles. Vivimos atiborrados de formalidades y saturación del contacto electrónico que no compensa en manera alguna un abrazo. La empatía existe la mayor parte del tiempo en una página del diccionario.

Los reportes de última hora, las imágenes de los eventos subsiguientes al terremoto, el tsunami y el desastre nuclear en Fukushima aparecen en la pantalla de mi computador en lo que semeja el aleteo de cientos de mariposas negras. Me cuesta aceptar que una nación racional y organizada como la japonesa enfrente semejante incertidumbre. Quisiera que todo esto se detenga.

De súbito los habitantes de este planeta hemos recordado que no somos inmortales, que ciertas lógicas culturales comprometen nuestra supervivencia, que no hay globalización e Internet que pueda con las fuerzas de la naturaleza. Terremotos y tsunamis nos sacuden haciéndonos saber de la existencia de un mundo material del cual dependemos, el que no dejó de existir solo por el hecho de que pasamos muchas horas ‘navegando’ en la red o porque gozosos deslizamos nuestro índice sobre la pantalla del móvil.

Los eventos que condujeron a la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la tensión bélica de la Guerra Fría le mostraron a la humanidad que la energía nuclear podría finalizar de un plumazo nuestra presencia en este planeta. El tema fue parte de la conciencia colectiva por algunas décadas, sin embargo, pasó a la oscuridad.

Lo ocurrido en Japón evidencia la dependencia cada vez mayor y generalizada en la electricidad y fuentes de energía para alimentar el gigantismo urbano, poblacional e industrial. Ojalá que esta tragedia en Japón nos haga repensar en serio nuestra relación con el planeta y el estilo de vida que llevamos.

Publicado en diario La Hora, 20.03.2011


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