Objetos virtuales
Christian Oquendo Sánchez
En su libro ‘En línea mucho tiempo’ (2009), Ken Hillis plantea que hoy en día la gente trata a los productos informáticos como si fuesen objetos físicos. Para muchos consumidores de tecnología el ‘software’, lo ‘blando’, es decir el programa de computación, se ha convertido en el nuevo ‘hardware’, lo ‘duro’, el componente sólido de un ordenador. Los usos y las percepciones sobre la tecnología han hecho difusa la distinción entre qué es material y qué no. Al usar móviles de pantalla táctil moldeamos y desplazamos las imágenes electrónicas para efectuar acciones: pagar la tarjeta de crédito; seleccionar una canción; resolver un rompecabezas o un juego de destreza; o revisar el estatus de nuestros amigos de la redes sociales.
‘Online a Lot of the Time’ -‘En línea mucho tiempo’-, 2009, Duke U. Press
Hace unas décadas los únicos que estaban capacitados para manipular el software eran los ingenieros en sistemas, una élite conocedora de los códigos de programación. Con el tiempo, grandes empresas como Microsoft y Apple entendieron la necesidad de hacer las computadoras más amigables y accesibles para la persona común. Es así que desarrollaron ‘interfaces’, coloridas fachadas que facilitaban el uso de los programas.
Estas interfaces operan sobre la base de representaciones, las que el diccionario define como “Figura, imagen o idea que sustituye a la realidad”. En Internet todo es representación: la imagen del auto a comprar; el rostro que contemplamos cuando hacemos una video llamada por Skype; o el sitio de Internet de un banco. Se trata de sustitutos de personas, instituciones y objetos de la realidad física elaborados de unos y ceros intercalados en código informático.
El aspecto conflictivo de esta situación radica en que la gente acepta la representación como la entidad real. Los millones de usuarios de Facebook entran a su cuenta personal y creen estar en compañía de sus amigos, cuando en realidad solo contemplan representaciones visuales y textuales de personas que en ese momento puede que ni siquiera estén frente a sus computadoras. Ha surgido una materialidad blanda que genera sentimientos ilusorios de poder y control, los que pueden usarse para manipulaciones a gran escala.
Publicado en diario La Hora, 10.04.2010