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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

Apr 24

Desde el parque

Christian Oquendo Sánchez

Carlos Michelena es un artista de la calle a quien admiro por ser capaz de llegarle con su humor a cualquier habitante de la sierra, no importa su condición social y económica. También son notables su consecuencia política, desenfado y honestidad al momento de decir las cosas, virtudes que son el resultado de no haberse convertido en un cortesano de los gobiernos de turno.

Michelena dice su opinión sin la dependencia a un medio de comunicación institucional pues su ‘ágora’ ha sido por décadas el parque, un rezago de los espacios públicos del “mundo real” que tan venidos a menos están por la comunicación electrónica. Sus contertulios son vendedores ambulantes, estudiantes y los transeúntes que circulan por entre los jardines y árboles de La Alameda en Quito.

Los políticos se dejan guiar por las encuestas de sus tecnócratas o por aquellas otras que claman son de “carne y hueso” y que se manifiestan en su contacto cotidiano con “el pueblo”, afanes compulsivos para persuadir, preservar u obtener espacios de poder. Lo de Michelena en cambio es un diálogo plácido, desinteresado y gozoso bajo el sol con la gente del común.

La convocatoria de Michelena es el resultado de décadas de presentaciones regulares en el parque, videos piratas que circulan informalmente e invitaciones para animar eventos de colectivos de ecuatorianos. Su palabra e interpretación ahora son parte del sentir de muchos a pesar de no haber promocionado su imagen tal si fuera un detergente, como lo hacen los políticos.

La reacción de intolerancia que mostró en principio el Consejo Nacional Electoral acerca de unos videos en los que este artista se pronuncia por el ‘No’ en la consulta da cuenta del escozor que le provoca al poder central un disidente agudo, rebelde, sin pretensiones económicas y partidistas. Se le puede criticar de todo a Michelena, menos de la engreída pretensión de quedarse en el poder por trescientos años.

Quizás lo que estorba de Michelena en las “altas esferas” gubernamentales es su gran influencia a pesar de que se presenta como un simple mortal, no cree tener cualidades de semi-dios, ni guardaespaldas que lo sigan o ‘genios’ de la publicidad que le asesoren.

Carlos Michelena es una extraña criatura que pertenece a ese espacio en el que toda sociedad debe aprender a reírse de sí misma para no enloquecer intoxicada por delirios narcisistas de grandeza y afanes por acumular poder.

Publicado en diario La Hora, 24.04.2011