Rechazo puesto a prueba
Christian Oquendo Sánchez
Los resultados de la consulta popular en lo que tiene que ver con la pregunta 9 pusieron en evidencia que hay un 40% de quienes votaron que se oponen a las pretensiones de regulación mediática del Gobierno.
Hasta antes de que se visibilizaran estas cifras, se pensaba que el Régimen había conseguido arrinconar del todo a los medios críticos y provocar un ambiente generalizado de hostilidad hacia ellos a través de la estrategia de categorizar al periodismo como una práctica criminal.
Hacía falta una investigación de opinión pública para saber qué pensaba la población acerca del desempeño de los medios no públicos y el Gobierno lo hizo con su consulta. Las cifras, que incluso a mí me sorprendieron, visibilizan a una población que pide pluralismo periodístico y no s0lo la “versión oficial” de los hechos.
Una de las razones que puede explicar esta reacción tiene que ver con el hartazgo respecto de uno de los argumentos favoritos de los publicistas verdes: la prensa crítica carece de objetividad, por tanto lo que publica no tiene un sentido de verdad. Quienes nos gobiernan sí tendrían las certezas fácticas como para detectar cuando alguien no.
Pretender ser el “heraldo de la verdad” es en estos tiempos, y más que nunca, un acto de arrogancia: Internet socavó las jerarquías basadas en el acceso elitista al conocimiento; ahora cualquier estudiante de primaria puede retar el saber de su profesor. El mundo de la información global está sometido a un contraste que a cualquier poder gubernamental le cuesta controlar, ahí están las revueltas en Egipto y la labor de la bloguera cubana Yoani Sánchez.
La consulta puso en evidencia que la “genialidad” de los asesores de comunicación del Ejecutivo tiene límites; que su estrategia propagandística enfocada en la persuasión e inspirada en el modelo de la aguja hipodérmica no es omnipotente; que los “receptores” son seres activos y pensantes que discriminan y le ponen un alto al bombardeo publicitario. La agresividad de la propaganda verde no contaba con que la gente también tenga el poder de apagar la televisión.
Aunque hay estudios que indican que la sociedad ecuatoriana es propensa a dictaduras y caudillismos, la consulta ratificó el refrán popular: “Bueno es culantro, pero no tanto”. La figura del papá-profesor-monarca que manda a callar a sus hijos-estudiantes-súbditos está aglutinando más y más detractores.
Publicado en diario La Hora, 22.05.2011