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Un blog acerca de comunicación, incomunicación, cultura e incultura, escrito por Christian Oquendo Sánchez

May 29

Comunicar la verdad

Christian Oquendo Sánchez

En estos días se ha abierto una polémica acerca de la prueba del polígrafo, mejor conocida como “el detector de mentiras”, a la que en un momento dijo que voluntariamente se sometería el Presidente de la República y, por órdenes superiores, a los agentes de la Policía Judicial.

 Estos afanes revelan algunos componentes que caracterizan los argumentos que irradia en el oficialismo en sus discursos. La fascinación con la prueba del polígrafo está relacionada con la certeza de que es posible hallar la verdad tal si fuera un objeto.




El racionalismo de Occidente se manifiesta en la constatación de lo “fáctico”, los linderos precisos y las características perceptibles de los eventos. Ese pensamiento motivó la elaboración de instrumentos electrónicos de medición que nos permiten cuantificar los aspectos de la realidad -incluso el difuso espectro de las emociones humanas- para hacerlos visibles y controlarlos.

Con la “verdad objetiva”, no la subjetiva ni la artística ni la religiosa que también existen en este mundo, es que se sustentan modelos que organizan la economía y las relaciones sociales: pocos dudan de la existencia de nociones abstractas como “inflación” o de los “indicadores económicos”, que son tratados como si fueran una mesa o un árbol.

La objetividad está basada en los sacrosantos números, aquellas ingeniosas abstracciones que existen primordialmente en el intelecto humano, pues en la naturaleza todavía no hay quien haya encontrado un número “3” con todas sus curvas recortando orgulloso el paisaje; lo que sí podemos hacer es juntar unas piedritas y decir que ellas suman tres. El número como tal es un artificio de la cultura. La verdad del científico, que es la verdad suprema para algunos, está basada en elementos que no existen en la realidad tangible.

La “objetividad” es la meta de la ciencia y ahora ha sido importada al discurso oficial con tintes de espectacularidad auspiciados por nuestro Presidente, quien exacerba esas obsesiones del ámbito académico en el que hizo buena parte de su vida profesional.

No quiero defender un relativismo inútil, sino subrayar el mejor camino que tenemos los mortales para tratar de acercarnos a la verdad: recoger con la mayor precisión posible las versiones sobre un hecho, contrastarlas y discutirlas a fondo.

Lo contrario es una curiosa amalgama entre teocracia y tecnocracia racionalista, la que basada en la prueba polígrafo decide quién tiene la verdad.

Publicado en diario La Hora, 29.05.2011


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