Puente
Christian Oquendo Sánchez
Estas líneas son para recordar a Gustavo Cerati en su cumpleaños a varios meses que entrara en coma. Los onomásticos sirven para reunir a la familia y los amigos para brindar, sentir el amor y celebrar el regalo de tantos días recibidos. Mucho de eso ha tenido el festejo en Internet por los 52 años del músico argentino.
Una amiga, aficionada a la meditación y la espiritualidad, me dijo alguna vez que las palabras vibran y modifican la calidad de un lugar. En su opinión, las maldiciones e imprecaciones hacen que un espacio se torne insoportable, en tanto que palabras enunciadas con amor lo vuelven apacible.
Más allá de lo que puedan decir los científicos acerca de tal perspectiva, me consta que cuando me agreden en la calle con el claxon, soy víctima de un insulto o estoy en la proximidad de alguien que se desborda a gritos con palabras inútiles, siento que enfermo; que, en cambio, cuando escucho un “te quiero ñaño” de mi hermanita, soy feliz, el ánimo me asiste y la esperanza sucede.
De eso se trata la música de Gustavo Cerati, la que resuena dentro de quienes fueron y son un poco más felices por ella, de esa gente que, como yo, al escucharla siente la conexión entre las pistas fragmentarias que nos entrega con desconfianza la cotidianidad. Tal vez ahí reposa el enigma de la quimera del arte: intuir con el cuerpo la respuesta a las preguntas que elaboran los aprisionados en la azotea de sus cavilaciones.
La música de Cerati también es un puente de amor, aquel vínculo faltante que regresa cuando dos –o más- deciden abrazarse, el momento en que la mañana hace una venia para que la tarde llegue y, siempre que sea posible, dos palabras se junten para agradecer y honrar la vida.
Como en toda obra que supera los linderos de su creador, ahora la música de Cerati está a salvo, porque está en todos. “Usa el amor como un puente” me repito en mi fuero interno porque no sé cantar y, al mismo tiempo, descubro que esta frase tiene inscrita en su significado una melodía esencial. Una que deberíamos repetirnos a diario.
Publicado en diario La Hora, 15.08.2011