Viejas ideas, nueva tecnología
Christian Oquendo Sánchez
Con el arribo de la convergencia tecnológica, es decir que un computador ofrezca radio, televisión y texto al mismo tiempo, se da un giro en la manera de producir y usar el contenido de los medios.
Una situación que descolocó a sectores de la sociedad que crecieron en un mundo en el que cada medio operaba en ámbitos separados y el acceso a música y libros del extranjero era limitado.
Cuando se aplican conceptos anacrónicos a los nuevos medios, ciertas incomprensiones comienzan a suceder. Adultos y educadores exigen que se controle a Internet, para que los chicos “no copien” lo que allí ven, tal si fuera la televisión. La angustia de las figuras tutelares se ahonda por el hecho de que la red funciona las veinticuatro horas del día sobre la base de las apetencias del usuario, quien bien puede acceder a su contenido desde un café Internet o su móvil.
A mucha gente le molesta no poder obstaculizar el uso de Internet a sus hijos como se hacía antes con la televisión: escondiendo el equipo o estableciendo horas de uso. Vivimos rodeados de un ecosistema mediático omnipresente del que es difícil escapar, al menos en el contexto urbano.
Hace décadas las pantallas estaban en los cines y en la sala de estar, hoy portamos una en el bolsillo, amén de la que tenemos en el auto y las que cuelgan por doquier.
Otra noción de los medios antiguos que se aplica a Internet tiene que ver con el afán por persuadir. De la televisión aún se dice que es el vehículo para que el capitalismo nos “bombardee” y nos “lave el cerebro” con contenidos hegemónicos, y que estamos “perdiendo nuestra identidad” por culpa de estos procesos.
Sin embargo, los comunicadores amateur que abundan en el Internet obran de igual forma: buscan convencer a toda costa, que no se cuestione lo que publican y que las reacciones del auditorio sean en su mayor parte elogiosas.
Si hay un potencial valioso de las tecnologías en línea, es que ofrecen la oportunidad de dialogar, una cualidad a la que a menudo no se le saca provecho porque cada quien está preocupado por amasar “fans”, “seguidores”, tal si se tratara de dinero en el banco y no de seres humanos.
Publicado en diario La Hora, 28.08.2011